Japón, 1951. La segunda guerra
mundial tenía pocos años de haber terminado, el país es uno de los más
devastados a causa de la bomba atómica, poco a poco se recupera, se reconstruye
y dentro de esta reconstrucción la cultura y las costumbres cambian, bajo estás
circunstancias es donde conocemos a nuestro protagonista: Hajime cuyo significado
(Principio) nos resulta esperanzador.
Mi experiencia con Haruki
Murakami es relativamente poca (son tres las novelas que he leído) empero, hay factores
que coinciden en todas: el amor al jazz, la natación y por supuesto la soledad
son conceptos y situaciones que caracterizan a sus protagonistas. Murakami deja
parte de sí mismo en cada fragmento de la historia que construye, si bien “Al Sur
de la Frontera al Oeste del Sol” no es la primera novela que leo de él se
siente como si lo fuera, es sencilla de leer y está cargada de autodescubrimiento
y reflexión.
El protagonista (Hajime) nos
narra como fue para él crecer en el Japón de la posguerra centrándose
principalmente en la extrañeza que siente respecto al mundo que lo rodea, parte
de la idea de ser hijo único ya que dentro de su contexto es raro serlo, este
sentimiento lo acompañará toda su vida y es un representativo de la soledad que
siente al no pertenecer a ningún sitio, todo cambia cuando conoce “Shimamoto”,
una compañera que llega a su escuela y con la que desarrollará una amistad casi
simbiótica y es que ambas partes comparten la misma situación: ser hijos
únicos.
Shimamoto se convertirá en la
única persona con la que Hajime podrá desarrollar un sentimiento de compañía.
Durante sus tardes libres se la pasaban juntos escuchando los viejos discos del
padre de Shimamoto, así Hajime conocerá el Jazz y la música clásica, lo que supondrá
una parte fundamental en su crecimiento pues se volverán parte de su
personalidad.
Por cuestiones de trabajo Hajime
se muda y no vuelve a ver a Shimamoto, es aquí en donde comenzará un camino de
autoexploración para él, en donde la soledad, el amor, el deseo y su manera de
relacionarse con los demás irá transformándose conforme crea experiencias.
Izumi es la segunda mujer que marca
la vida de nuestro protagonista, es esa primera relación sentimental por la que
casi todas las personas pasamos, en donde no sabemos como tomarla o como sentirla,
para Hajime se vuelve una experiencia llena de deseo en donde su cuerpo es el
desencadenante de los acontecimientos. Su relación con Izumi no termina para
nada bien y él termina hiriéndola de manera casi mortal, un recuerdo que lo atormentaría
siempre.
A través de metáforas, Murakami explora
y describe sentimientos y pensamientos que dejan entrever la naturaleza de
Hajime, desde como ve algo tan complicado como el amor hasta como asimila su
extrañeza de un mundo que le es ajeno (esto se puede ver en la descripción que
hace a Shimamoto sobre lo que piensa de su bar de Jazz respecto a cómo los
decora).
“Yukiko” sería la tercera mujer
en marcar a Hajime, a diferencia de Izumi, Yukiko le presenta a Hajime ese
deseo y atracción tan particular que para él es importante:
«Lo que me atraía no era la
belleza externa cuantificable e impersonal, sino algo más absoluto que se
hallaba en el interior. De la misma manera que hay quien ama secretamente los
diluvios, los terremotos y los apagones, yo prefería ese algo recóndito que alguien
del sexo opuesto emitía hacia mí».
PP. 54
Se casaría con ella y tendrían
dos hijas. Todo en la vida de Hajime parecía ir bien, tenía una hermosa familia
y un negocio próspero, de igual manera esto no bastaba, sentía como si esa vida
no fuera suya, en ningún momento (desde que Shimamoto se fue de su vida) se
volvió a sentir perteneciente.
Shimamoto volvería a la vida de
Hajime de una manera misteriosa, ambos ahora adultos de 37 años se ponen al día
y en él se enciende ese deseo, ese amor que toda su vida ha sentido por ella lo
que le causaría gran desdicha como placer.
Shimamoto esconde su pasado, y sólo
aparece en días de lluvia lo que nos deja ver su lugar dentro de la novela y la
vida de Hajime:
«-Cuando te miro, tengo la
sensación de estar viendo una estrella lejana -dije-. Es muy brillante. Pero la
luz que veo fue emitida hace decenas de años. Y ahora la estrella tal vez ya no
exista. No obstante, a veces esa luz me parece más real que cualquier otra cosa
en el mundo.
(...)
-Tú estás aquí -proseguí-, o eso
parece. Pero quizá no lo estés. Quizá lo que veo no sea más que una especie de
reflejo, y la auténtica Shimamoto se encuentre en otro lugar. Quizás hayas
desaparecido hace mucho, mucho tiempo. Cada vez estoy menos seguro. Y cuando
alargo la mano e intento comprobarlo, te escondes detrás de palabras como
"quizá" y "por una temporada..."».
PP. 212
Hajime toma la decisión de
dejarlo todo por ella luego de una noche en donde hicieran el amor varias veces
y a la mañana siguiente ella desparece lo que le suma aún más misticismo.
La novela culmina con un Hajime
nostálgico en donde la lluvia se convierte en una hermosa metáfora sobre su
vida:
«Dentro de esa oscuridad, pensé en
la lluvia que caía sobre el mar. La lluvia que caía furtivamente, sin que nadie
lo supiera, en un vasto mar. Las gotas de lluvia golpeaban mudas la superficie
del agua, sin que ni siquiera los peces lo percibieran». PP. 266
Murakami deja cabos sueltos
respecto a Shimamoto, un recuerdo, un fantasma quizás, pero ¿no son los
recuerdos fantasmas? Entes que vivieron en un tiempo y cuya evocación nos
produce consuelo cuando tratamos concebir nuestro lugar en el mundo porque
somos existencias que se aferran a la idea de tener un propósito.
Como leí en un comentario de
YouTube, Izumi es la representación del pasado, Shimamoto de lo ideal y Yukiko
de la realidad. Como entes efímeros nuestro único salvavidas en el mar de la
nada es aferrarnos a los recuerdos.
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